sábado, 26 de enero de 2013

La tristeza de las almas perdidas



Le gustaba salvar las almas perdidas de la gente. Se perdían demasiado deprisa, casi no había tiempo para encontrarlas, pero ella había aprendido a conseguirlo. Veía la tristeza de sus corazones e imaginaba una bonita forma de extraviar esos malos pensamientos y reconocerles sus propios miedos. Pero no era fácil. A menudo la gente no deja que la salven, prefieren salvarse ellos o no salvarse. Tienen miedo de depender de los demás sólo porque un día se dieron cuenta que fue la razón de su tragedia, y todos tenemos miedo de admitir que hemos sufrido una tragedia que posiblemente pasan todos y que la mitad sólo se atreven a asegurar que han vivido. Olvidamos las partes más fundamentales de nuestros acontecimientos porque recordarlos todos sería una carga tan pesada, que nadie se atrevería a hacerse cargo de la suya propia.


Encontraba resquicios de lágrimas cuando giraba las esquinas de los árboles. Cada uno contaba una historia diferente, a ella le gustaba escucharlas todas porque seguramente sólo necesitase unos minutos para darse cuenta que esas lágrimas sólo eran pedacitos de sueños que habían estallado antes de hacerse realidad.

Ella no sabía cómo había llegado allí. Ni que viento le había impulsado a semejante forma de vivir, pero tampoco le importaba. Reconstruir partes de los demás le hacía sentirse un poquito menos sola. Entendía la tristeza de su alrededor e intentaba olvidarse de la suya propia. Sólo era una forma de acostumbrarse a no vivir de ninguna manera determinada, a que quizás entre los sueños a medio hacer y las miradas perdidas, sería capaz de dejarlo todo y buscar sus propios motivos para no estar triste.



Porque aunque suene extraño a veces sentimos una tristeza tan grande dentro de nosotros sin ni tan siquiera saber el motivo, debajo de los ojos, en la garganta y en la punta de los pies que si no fuera porque está debajo de la piel, haríamos locuras tan grandes que no seríamos capaces de controlarlos.

5 comentarios:

  1. Preciosa entrada, me encanta! Un poco triste, pero confío en que pronto escribirás textos mucho más alegres y coloridos :) No sé si es así como te sientes, pero lo transmites muy bien!
    Un beso enorme!

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  2. A veces es necesario cuidarnos un poquito a nosotros mismos y por un instante dejar de estar pendientes de los demás.
    O nos acabaremos olvidando de nosotros.
    Gracias por pasarte y dejar tu huella en el blog http://hazbrillaratusonrisa.blogspot.com.es/
    Yo te dejo la mía.
    M.

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  3. Vaya, no sabes lo mucho que me identifico con el texto.
    No sé muy bien por qué, ni cuándo empecé a hacerlo, pero yo también tengo esa manía de intentar salvar a la gente que está rota; gente que, como bien dices, a menudo no quiere ser salvada. Por suerte, las causas perdidas que he acogido hasta ahora han salido bien, y muchas han acabado convirtiéndose en amistades íntimas.

    Me ha gustado mucho. Más aún, me ha encantado. Que no es que los demás textos no estén bien (por Zeus, que son geniales), pero es que este... Este me ha pillado por sorpresa. Tanto si eres la protagonista de este texto como si solo cuentas una realidad ajena, enhorabuena, porque lo has plasmado perfectamente.

    Un beso enormísimo

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  4. Me encanta Cold :)
    Puede que, de los que me he perdido estos días sea sin duda el que más me gusta..
    Y es que las dos tenemos un poco de complejo de salvar almas pérdidas que... en la mayoría de los casos no quieren que nadie las encuentre. Pero ya ves, a nosotras nos va lo imposible, no crees?

    Si tengo algo claro es que en muchas partes de mi vida yo he sido una de esas almas perdidas, sin rumbo, que no quería encontrarse o al menos, que no sabía como hacerlo. Y que en más de una de esas ocasiones, tú me encontraste.
    Y sabes que eso, dice mucho más de lo que pueda llegar a decirte nunca.

    Te quiero mucho Cold me :) mucho.

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  5. Odio ese tipo de tristeza. La tristeza de los días rojos de desayuno con diamantes. Cuando no sabes el motivo no hay racionalización que valga.

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