viernes, 10 de abril de 2015

Vosotras, las de antes

Os escribo a todos los que un día
estuvieron cerca de mi corazón,
que aún recuerda
la falta de brillo en vuestras lágrimas
y la nostalgia al veros partir;
pero sobre todo
a vosotras
las que se recorrieron las cuatro esquinas
de las cuatro estaciones,
las que derritieron muros de piedra
y saltaron charcos
de corazones naufragados;
a vosotras
las que me daban aliento
con una sola palabra,
apagaban los incendios
de mi mecha corta,
las que le daban
minutos de descanso
a mi llanto cansado.
Os recuerdo,
con estos versos,
como si nunca,
jamás,
os hubiéseis marchado.
De qué manera se marchitaban los otoños
en nuestras caderas,
los inviernos
clavados en la retina,
la primavera
con melancolía
y los veranos,
que aún me cuentan
el vacío tan grande
que dejaban
vuestras ausencias.
Y recuerdo
que caerse,
entonces,
no dolía tanto como levantarse,
que nos cubríamos de cicatrices
para poder presumir de ellas
cuando dejaban de doler,
entonces las heridas
se limitaban a dolernos
sólo
a la altura de la piel
y no de las entrañas.
Saltar
era parte del juego,
estaba segura de que
con vosotras
podía hasta tocar el ras el cielo,
y perdíamos la gravedad del momento,
y nos sentíamos simples,
felices,
cuando apenas unos centímetros
nos separaban del suelo.
Funcionábamos mejor
en una noche de verano,
sonriéndole a las penas,
murmurando que seríamos
como las estrellas fugaces,
que nos colaríamos
por las mañanas
en bares de una noche
y perderíamos todos nuestros encantos
en cualquier trago,
de cualquier bebida,
de cualquier vaso
que hubiesen rozado sus labios;
qué de amores platónicos nos moríamos por sentir,
aceptando que no seríamos el de nadie,
nunca,
que a nosotras,
a ninguna,
nos fallarían las alas,
y deseábamos acelerar el tiempo,
darle un empujón
a todos aquellos deseos
que pedimos en voz alta
las tardes donde
el amor
nos había hecho daño;
qué ilusas nosotras,
qué de luz tenían nuestros sueños,
qué inocencia tan pura
y qué pocos los miedos.
Y bailábamos en las vías de un tren
del que no conocimos su último destino,
pero nosotras,
perdíamos el equilibrio
y escuchábamos la vibración
que tatareaban los railes,
haciéndonos sentir
los trenes de nuestra vida,
el inicio de nuestro viaje,
el final de nuestros sueños.
Improvisábamos guerras,
siendo nuestros dedos el arma
y nuestra espalda
un escudo,
cómo batallaban nuestras risas,
con qué fuerza rompían la noche,
qué de paz hemos sentido
después de declararnos adictas a las cosquillas;
qué de nosotras,
por todas partes.
Y te recuerdo
a tí,
a la niña de los ojos grandes,
que con su risa hacía temblar las estrellas
y le daba
vida
a la vida,
qué de vida tenían tus ojos,
niña de los ojos grandes.
Y no te olvido,
corazón de fuego,
con tus alas de papel,
tu falta de cordura,
y todas esas veces
que el humo
te vendió falsas ilusiones,
cómo te gustaba malvivir,
corazón de fuego.
Teníamos tanto dentro
que lo único que olvidamos
perdirle
a la llama de los deseos
fue
por todos los medios
no perdernos.

5 comentarios:

  1. Parece nuestra historia de siempre: perder a aquellos que un día estuvieron. Y les perdemos sabiéndolo, poco a poco, amargamente, sin poder hacer nada porque no se vayan. Porque aunque hayamos intentado a veces por todos los medios agarrarles y darles motivos para quedarse, nada a podido retenerles.
    No sé Cold,puede que nosotras seamos demasiado exigentes, o que ellos se hayan olvidado de lo que es verdaderamente importante, de que hacen falta más que historias de bares, que existen los días malos y los amores que desgarran el alma. Pero eso parece que ellos, o más bien ellas en este caso, no lo saben.
    Me da pena mirar al pasado y ver como se han ido yendo todas de nuestra vida, las que parecía que se quedarían, las que habían estado ahí sin comprender, sin escuchar, simplemente estando, porque no necesitábamos más. Al menos de ellas.

    Pero aún recuerdo cuando te conocí, y como poco a poco te fuiste haciendo más imprescindible. Recuerdo como deseaba que pudieses estar aquí, porque la distancia se hacía pesada, y aunque estuvieses ahí a diario, no podíamos quedar, no podíamos vernos, no era igual. Recuerdo que rodeada de mucha gente a veces me imaginaba como sería poder quedar contigo y contarnos las cosas como solíamos hacer a través de las teclas.
    Y bueno, aquí estamos, después de siete años, bastantes rasguños en el corazón y no menos lágrimas. Después de amores de barra, de noches estrelladas y de instantes de dolor que parecen anular el alma por momentos. Después de siete años de risas, contarnos todo y reírnos por bobadas. De enfadarnos para volver como si no hubiera pasado nada.
    Después de siete años, en los que sin duda tú eres de antes, con la diferencia de que sigues siendo de ahora. Y eso, no lo cambio por nada.
    Yo creo y quiero seguir creyendo que serán muchos años más, que seguiremos recordando momentos que hemos vivido, añorando algunos, agradecidas de que hayan pasado otros, con momentos más divertidos y felices, y momentos más tristes y tranquilos. Pero juntas, como hasta ahora.
    Porque yo ya no me lo puedo imaginar de otra manera, ni quiero.

    Te quiero mucho Cold :)

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  2. Encantada de haber dado con tu blog, interesante, atractivo, me quedo por aquí. Si deseas me visitas, saludos, Abril

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  3. Perderse, si es con la persona indicada, es encontrarse..

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  4. Bendita inocencia...es lo que huelo yo en este poema.

    ME QUEDO.

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  5. si estas con esa persona que quieres, te encuentras
    saludos

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