martes, 15 de septiembre de 2015

Parece, pero no



Lo curioso de los amores para toda la vida
es que se fugan en menos de un parpadeo
aunque sepamos que perdurará en nuestra memoria
aún cuando nuestra eternidad
sea sólo el recuerdo
de un beso
que no sintieron los labios
sino las ganas,
tu espejo
y mi alma,
dejando a un lado el fracaso tras la derrota
y el amor
tras el desamor.
Puede que no memoricemos en que momento
fueron capaz de atravesar nuestro corazón
pero si aquel
que antes de irse
ya sabía que no podría quedarse
porque no todos los que consiguen alcanzarnos
son capaces de hacernos sentir,
y lo sentimientos,
a veces,
son sólo caparazones vacíos,
y los padecemos,
y nos liman,
como si la verdad nos dejase a punto de querer disparar,
bordeándonos como vértices afilados,
haciéndonos sangrar por cualquiera
que venga
con vacíos de demostraciones por bandera
y con las vendas que ya no son capaces
de contener las heridas
de todas
y cada una
de sus guerras.
Con las promesas
hay que mantener la distancia justa
que hay algunas que se rebelan
y comienzan cumpliéndose
antes
de que terminemos eligiendo
si queremos una vida segura
o un momento interminable,
que luchen por
pero sin nosotros,
o si tan sólo es una forma de mitigar
la soledad que nos aqueja
que nos quejamos de que no necesitamos
demostraciones
que nos demuestren
que las promesas no siempre prometen
lo que cumplen
y no digamos
de lo que se cumple sin prometer,
necesitamos hechos con palabras,
menos pared
entre pecho y espalda,
suspiros
y falta de aliento,
lo necesitamos todo de nadie
porque hemos aprendido
que los alguien
siempre
nos dejan sin nada,
porque hemos vivido que caerse
también es crecer,
porque desde las profundidades
sólo las luces mas insistentes
consiguen alcanzarnos
cuando únicamente
nos sentimos tinieblas,
porque crecer también es levantarse,
que vivir un poquito con oscuridad
no nos hace más débiles,
ni más cobardes,
sólo
un poco delincuentes,
que no cualquiera es capaz de convivir
entre dos precipicios
no todos son capaces de leernos el alma
aunque la tengan delante,
porque levantarse es mirar siempre
hacia adelante
y aceptar
que todo lo que dejamos atrás puede volver,
aunque nunca vuelva.

lunes, 8 de junio de 2015

Ni tan sólo fuimos


 

Recuerdo que sólo existimos en la fugacidad de ese momento,
en un momento
que pudo escaparse,
que no atrapamos,
que se negó a ser infinito,
y que seguramente,
sólo fue mío,
porque,
aunque no te lo creas,
también pudo ser nuestro.
Lo sé,
no me perteneces,
yo tampoco soy de las que se hacen a nadie,
y siendo sinceros:
no hay nadie que sea capaz de hacerse por mí,
pero todavía no he firmado ningún trato
con ningún contrato que me niegue imaginar
qué tipos de vida podíamos haber destruído
que ya cuento
que nos haría falta más de una
para acordarnos de todas nuestras ruinas
a las que sucumbimos
con muchas huidas
y pocas heridas,
porque,
casi seguro,
que nos dañábamos todos los días,
que encontrábamos belleza en estrellas vasos
que nos contuviesen las mañanas
por reventar las noches,
de los que tenían posibilidades de amarse
pero ni siquiera lo intentaron,
doliéndonos por el exceso de telarañas en las ganas
como un simulacro de incendios
que se apagaban hacia dentro
y sin previo aviso se incendiaban
con sonrisas hasta arriba de reproches
por saber
que querernos
sin querer,
no sería suficiente.
Que yo sé,
y aunque tu orgullo nos precede,
nos resbalaron las prohibiciones
por arrancarnos la piel aquella noche
y no hubo más abandono
que el que tú me dejaste,
me ataste a tus alas
con preludio de desastre,
y te puedo asegurar,
que nunca en mi vida,
me había sobrado tanto en vértigo,
perdiéndome en la cumbre en la que respiramos,
vacilante,
delirantes,
en sí vivir el resto de mis días
por esa caída constante,
buscándonos como enloquecidos,
perdiéndonos por la locura,
de no volver a repetir,
ese maldito instante.
Asi que te prohíbo que te cueles entre los pliegues de mis sueños,
que de los versos
 tranquilo
que ya me ocupo yo.
Porque menudo teatro el que hicieron tu brazos y tus ojos con los míos,
que podías haberme avisado,
que estabas haciendo como que me querías,
porque hacer
como que no me quieres,
se te escapaba el resto del tiempo.
Que yo no sabía que si intentaba enamorarte me hubieses condenado,
a mí,
que no me hizo falta intentarlo para saber
que condenados ya estaban tus labios
y cualquiera,
con cojones para besarlos.
Que sí, que lo sé,
que me congelé por mí,
que hubiese ardido por tí,
que aún duele,
que ya nada sangra,
que no habríamos sido capaces de salvarnos del
"tú contigo, y todo menos yo"
en una de esas tantas vidas que dejamos de destruir
por miedo a vivirnos,
a hacernos por miedo,
y sobretodo,
por miedo a destruirnos.
Porque nunca nada,
me había dolido tanto antes.

miércoles, 29 de abril de 2015

¿Y él? ¿Qué pensará él de ella?




Lo cierto,
es que ella,
tenía pinta de que le habían roto el corazón,
yo había procurado que el mío
siguiese intacto,
pero,
joder,
a veces,
se muestra tan frío y tan inerte,
que dudo que algún día sea capaz
de funcionar en condiciones,
sin ninguna de mis condiciones,
para llegar a querer,
tanto,
como parece que me confiesan sus ojos,
porque,
qué ojos,
qué forma de lanzar verdades,
me dolían tanto,
como si todo este tiempo,
todo a mi alrededor
me hubiese estado mintiendo.
Ella está en mi vida,
pero no hay tanto de mí
para que pueda quedarse,
porque ella sería capaz de hacerme bueno,
decente,
en el mal sentido,
por supuesto,
y yo vivo del anochecer a la noche,
de noche al amanecer,
embriagado por mi propia soledad,
codiciando sentimientos ajenos,
para después,
no dejarme sentir ninguno,
padezco el síndrome del corazón artificial,
ni siento,
ni me dejo sentir,
ni siquiera por ella,
que ha tenido que perderme
para descubrir
el secreto de mi éxito: su fracaso.
Porque ella,
se ha empeñado en que sea yo sea su causa perdida,
mi razón olvidada,
su clavo ardiendo
y yo,
no quiero que me quiera,
no quiero que arda por mí,
que me construya esquemas,
que me hable de agujeros en el alma.
Solo quiero,
que esté sin que haga ruido,
sin amenazar mis murallas,
sin desgastarme el aliento,
porque en el fondo,
prefiero que no esté,
si no puede ser ella.
Porque ella,
aunque no sea como las demás,
no puede saber,
que es diferente.

domingo, 26 de abril de 2015

¿Qué pensará ella de él?



Él cree que puede hacerme daño,
si me quiere,
si se permite quererme.
Él no sabe,
que yo no quiero que me quiera,
que la forma que él tiene de querer,
no es quererme.
Prefiero que me sonría,
que me despierte,
que me envuelva,
que me reconozca,
alguna vez,
entre toda esa jauría de nombres,
que me arrastre en su memoria,
que me renombre con malicia,
con fuerza,
como si hubiésemos sido razonables
después de firmar un tratado de guerra,
como si alguna vez,
el premio de todo ese fracaso,
hubiese sido yo,
como si nunca,
se hubiese dado cuenta
de que me tuvo,
me contuvo,
y me dejó caer,
como si el peso de todo sentimiento le quemase,
como si tuviese miedo
de llevar alguna de mis cicatrices,
como si yo,
le fuese a permitir,
que mis heridas de guerra le definiesen,
¿quién se cree que es?,
él no sabe que muchas,
casi todas,
tienen parte de mi desesperación bordada,
que hay que creerse valiente para ganarlas,
que no a cualquiera le sientan bien puestas,
él no sabe que sé,
que arrasarían con su apariencia,
dejándole bien jodido,
por dejar que le viera
como no recuerda que fue
después de abandonarse así mismo.

Él no sabe que sé, su gran defecto,
se ha construido un personaje
que actúa a través de su persona,
que no todo el tiempo es él,
es todo el tiempo
que pierde intentando parecer otro.
Odio cuando trata de definirse
con humos de una noche
y corazas sin desgaste,
como si así,
estuviese a salvo
dentro de su quimera toda la vida,
pero lo siento,
mi vida,
tu vida,
la vida,
es un fuego cruzado,
y que tenga por seguro que ya se encargará ella
de elegirle un bando perdedor,
tan perdida,
como me hizo sentir a mi,
dentro de su quimera de mierda.
Él no sabe que se,
que nunca fue de nadie,
que sus pasos marcan la dirección exacta
hacia una abismo seguro,
que no se siente perdido
pero no hay forma de encontrarle,
que se cree que ha surcado viento y tierra
por dejar sábanas vacías
a la mañana siguiente.
Él no sabe que se,
que no se atrevió a navegar conmigo
sin salvavidas que salvar aquella noche,
que prefirió la noche eterna,
a la eternidad en mis manos.


¿Y él? ¿Qué pensará él de ella?

martes, 21 de abril de 2015

Ahora y nunca

Si es
ahora o nunca
prefiero el nunca,
porque el ahora
a veces pasa tan rápido
que antes de que nos demos cuenta
lo hemos vivido,
nos lo hemos arrebatado,
nos ha consumido,
tan fugazmente,
que parece
que nos hemos fundido
la eternidad
en un sólo segundo.
Porque nunca puede ser:
nunca más te vayas o
nunca más me dejes.
Como el nunca de las aceras,
que se encuentra con mensajes de botella
de un mar tan salado
como amargo
fue al derramarlo,
como el nunca de tus lágrimas,
con siempres encriptados,
con memorias tan celosas y
besos tan desgastados.
Como el nunca que nunca salió de nuestros labios
y se consumió en nuestros ojos
de todas las veces
que nos faltó
mirarnos.
El nunca de los "para toda la vida"
que fluyen sin descanso,
malviviendo,
entre idas y venidas
de balas
que solo buscan
hacernos
sin sentir,
sin encontrarnos.
El nunca de las noches
con el amanecer arrastras,
tan débil,
tan humano,
tan irresistible,
que vivirlo
es un desafío
al que nunca nos atrevemos a decir
"ahora si",
y lo dejamos pasar
pensando
"Nunca ahora,
pero
nunca,
no".
El sí,
pero nunca fuiste suficiente,
o necesario
o necesariamente suficiente
para no marcharte,
cuando lo único que hacía falta
para quedarte era ese: "nunca me faltes"
porque el ahora nos pertenece,
solo ahora seré tuya
y nunca más de nadie.

martes, 14 de abril de 2015

El amor no tiene miedo

No tengas miedo,
nunca,
de decir lo que sientes,
de lo que sientes cuando lo dices,
porque el amor no está hecho
para vivir en la culata de ningún vaso,
ni en la comisura de ningún beso perdido
ni en la punta de unas pestañas mojadas,
ni en ninguna almohada,
de ninguna cama,
que te atrape por un amor de ensueño,
ni en una margarita deshojada,
ni en los versos de ningún poeta moribundo,
ni siquiera,
en la idea de que el amor es todo aquello
a lo que no llamamos amor
por miedo a que lo sea,
por miedo,
a sentirlo,
cuando es,
y hacemos todas esas mierdas de la probabilidad
que se esconden en los pétalos de la punta
de tus pestañas,
o nos aferramos a una cama vacía por falta de sueños,
o nos empeñamos en imaginar
como sería eso de amontonar besos robados,
o cuando coleccionamos vasos vacíos
de amores ahogados,
o cuando intentamos encontrarnos
en la magia de la poesía de un poeta,
que nunca,
en su vida,
supo que el amor,
también se apaga encerrado
dentro,
de una palabra.
El amor
si es amor,
puede encontrarse en todas partes,
aunque no lo busques,
aunque no lo encuentres.
Amor es cuando colisionan
dos risas caóticas
a punto de saltar
hacia un precipicio,
cuando dos almas están dispuestas
a envejecer juntas,
aunque su espíritu sea inmortal,
es cuando estás dispuesta a sentir
otros miedos,
que no son los tuyos,
para superar ese prejuicio de
"el valiente es el que se enfrenta",
siendo yo la cobarde más valiente
que jamás,
supo como enfrentarse a los miedos
propios del amor.
El amor surge
incluso en aquellos que sienten
con la mirada perdida,
con el corazón en otro puño
y con las costillas cansadas
de no reprimir ningún llanto.
Amor es el error más grande
que jamás hemos cometido,
el más difícil de olvidar,
el más fácil de cometer,
el más doloroso de recordar.
El amor,
está repleto de las cenizas
de los últimos cartuchos,
no teme a las cuestiones,
ni a las dudas
y se encubre,
muchas veces,
para no decir la verdad,
porque si es amor,
no miente.
Amor es no entrar en batalla,
nunca,
porque en el amor
hacemos guerra constante,
a pesar de que nunca sepamos,
si alguna vez,
hallaremos la paz.
Amor, sin duda,
es aceptar,
que a veces,
cuando se encuentra,
se acaba.

domingo, 12 de abril de 2015

Un amor "de esos"

Y aún después de lo efímero,
me exijo
sobrevivir
a un amor "de esos"
que se llaman "de esos"
porque no sólo es amor,
es "no quererte me mata"
con el que
de tanto querer,
incluso mueres,
un amor "de esos"
sigue queriendo,
aunque tú,
ya no sientas nada.
Por eso te pido que seas para mi,
no siendo de nadie,
ni siquiera mío,
quién me de las mejores tormentas,
quién me haga llover
como medida de seguridad,
quién me haga nevar
cuando las cenizas de fuego fatuos
amenacen con arrastrarme,
sólo,
por no saberme querer.
Siénteme, como si nunca
jamás,
hubieses sido vida
con nadie más,
porque te confieso:
se me han muerto inviernos
pensando en cuantos alientos tendría que dejar pasar
hasta alcanzarte,
imaginándote,
a tí,
con un susurro fresco en la mirada,
la sonrisa entrecortada
de quién se muere
por hacerme sentir que no existe lugar en el mundo
más seguro para mi
que el abrigo que me envuelve
después de trasnochar entre tus brazos.
Porque en esta realidad,
donde la nieve hace trasbordo con las flores,
me darías todas
y cada una de tus noches en vela,
a pesar de que tengas complejo de capitán pirata,
corsario de corazones solitarios,
que prefieres robar besos usados
a permitirte lo prohibido,
lo dañino,
lo colosal,
lo extraordinario.
Te pido:
sé maniático,
ten la manía de no dejarme marchar,
arréglame todos los muros
después de querer odiarte,
de odiarte sin querer,
de confesarte que te odio,
sólo,
porque no evito quererte.
Sé quién me rompa el fracaso,
quién me reconstruya con determinación
como si fuese tuya,
como si te consumiera.
Sé quién acorte kilómetros entre
mis deseos
y tus ganas de hacerlos realidad,
quién destruya mis mejores obras,
quién no me de nunca la razón
sólo para buscar la sonrisa
que se esconde
detrás de mi fachada,
y dámela,
después,
para grabarte mi risa
con la velocidad a la que avanza
mi voz en tus recuerdos.
Sé los pedazos, con quien,
cada día,
bailar,
jugando a ser la regla que derriba mi excepción,
la excepción que construye mi regla.
Se todo lo que necesito,
aunque yo,
nunca lo sepa,
aunque yo,
nunca te tenga.
Y te pido,
me pido,
como deseo,
que seas el pianista que se coló
a medianoche,
a tocarme el piano,
y tócame la risa,
con mis vértebras,
con cada tecla,
y desmídete,
con freno,
sin advertencia,
con impaciencia,
quiéreme,
con un amor "de esos"
de los que no matan.

viernes, 10 de abril de 2015

Vosotras, las de antes

Os escribo a todos los que un día
estuvieron cerca de mi corazón,
que aún recuerda
la falta de brillo en vuestras lágrimas
y la nostalgia al veros partir;
pero sobre todo
a vosotras
las que se recorrieron las cuatro esquinas
de las cuatro estaciones,
las que derritieron muros de piedra
y saltaron charcos
de corazones naufragados;
a vosotras
las que me daban aliento
con una sola palabra,
apagaban los incendios
de mi mecha corta,
las que le daban
minutos de descanso
a mi llanto cansado.
Os recuerdo,
con estos versos,
como si nunca,
jamás,
os hubiéseis marchado.
De qué manera se marchitaban los otoños
en nuestras caderas,
los inviernos
clavados en la retina,
la primavera
con melancolía
y los veranos,
que aún me cuentan
el vacío tan grande
que dejaban
vuestras ausencias.
Y recuerdo
que caerse,
entonces,
no dolía tanto como levantarse,
que nos cubríamos de cicatrices
para poder presumir de ellas
cuando dejaban de doler,
entonces las heridas
se limitaban a dolernos
sólo
a la altura de la piel
y no de las entrañas.
Saltar
era parte del juego,
estaba segura de que
con vosotras
podía hasta tocar el ras el cielo,
y perdíamos la gravedad del momento,
y nos sentíamos simples,
felices,
cuando apenas unos centímetros
nos separaban del suelo.
Funcionábamos mejor
en una noche de verano,
sonriéndole a las penas,
murmurando que seríamos
como las estrellas fugaces,
que nos colaríamos
por las mañanas
en bares de una noche
y perderíamos todos nuestros encantos
en cualquier trago,
de cualquier bebida,
de cualquier vaso
que hubiesen rozado sus labios;
qué de amores platónicos nos moríamos por sentir,
aceptando que no seríamos el de nadie,
nunca,
que a nosotras,
a ninguna,
nos fallarían las alas,
y deseábamos acelerar el tiempo,
darle un empujón
a todos aquellos deseos
que pedimos en voz alta
las tardes donde
el amor
nos había hecho daño;
qué ilusas nosotras,
qué de luz tenían nuestros sueños,
qué inocencia tan pura
y qué pocos los miedos.
Y bailábamos en las vías de un tren
del que no conocimos su último destino,
pero nosotras,
perdíamos el equilibrio
y escuchábamos la vibración
que tatareaban los railes,
haciéndonos sentir
los trenes de nuestra vida,
el inicio de nuestro viaje,
el final de nuestros sueños.
Improvisábamos guerras,
siendo nuestros dedos el arma
y nuestra espalda
un escudo,
cómo batallaban nuestras risas,
con qué fuerza rompían la noche,
qué de paz hemos sentido
después de declararnos adictas a las cosquillas;
qué de nosotras,
por todas partes.
Y te recuerdo
a tí,
a la niña de los ojos grandes,
que con su risa hacía temblar las estrellas
y le daba
vida
a la vida,
qué de vida tenían tus ojos,
niña de los ojos grandes.
Y no te olvido,
corazón de fuego,
con tus alas de papel,
tu falta de cordura,
y todas esas veces
que el humo
te vendió falsas ilusiones,
cómo te gustaba malvivir,
corazón de fuego.
Teníamos tanto dentro
que lo único que olvidamos
perdirle
a la llama de los deseos
fue
por todos los medios
no perdernos.

miércoles, 8 de abril de 2015

Ella, la de nadie

Ella te hacía sentir parte de sus versos,
dentro de ellos no desaparecías,
y eras un héroe,
un héroe rescatado de un naufragio
del que te salvaste siendo
menos valiente y
más cobarde.
Ella es una chica de las que no hacen historia,
no tiene tantas cicatrices
como heridas en la memoria.
Ella sabía romperse para hacerse escuchar,
y creia no necesitar a nadie
para ser invencible,
una guerrera que luchaba contra imposibles
como tú
que no se conformaban con robarles el aliento
sino que también le paraban el corazón.
Ella brillaba,
aunque no necesitase sombra.
Y cómo le asombraba la magia que desprendía la sonrisa de un extraño,
qué tipo de luz tendría
que nadie sabía que bailaba con los ojos tapados
para hacerse ver.
Nadie se rifaba sus besos, pero
joder cuando los daba,
no había forma de parar el huracán de sentimientos
que acechaban a su alrededor.
Ella era de las que de tanto querer
casi moría.
Y ella,
qué manera de sentir las penas,
parecía que se adelantaban los inviernos
y se retrasaban las primaveras;
qué manera de sentir,
sin sentirse
sin reprimirse.
Ella,
que aprovechó para respirarte cerca de la nuca,
para escribirte una historia en el arco de tu espalda,
con tinta invisible,
para que no la recordases con el paso de los días
pero no pudieses olvidarla si volvía.
Vida tras vida.
Ella
que pedía a gritos ser libre
y tú
que la construiste una jaula a su medida,
para contener esas ansías de rebeldía
y de malas intenciones.
Ella no se parecía a nadie,
pero la trataste como a las demás,
por miedo a querer rifarte uno
de esos besos
que ella nunca daba.
Qué forma de abrir agujeros,
dolían tanto
que ya se habían colado hasta sus ansias de llorar,
puestos a perder algo,
todo,
menos las ganas de volar.
Ella disparaba balas,
y qué manera de hacerlo
a través de las palabras.
Ella es de las que se hacen sangre
para creerse que aún sienten,
y que la sangre
también es capaz de contar historias
que no han podido pasar,
pero que si hubiesen pasado
ya no habría forma de evitar
que esas heridas se convirtiesen en mapa.
Te llevaste hasta los secretos que escondía debajo de las almohadas,
y le arrancaste todo,
menos la ropa,
y lo mejor es que no te diste cuenta
de que alguien
que dispara balas con las palabras
y se le va la fuerza por la boca,
te haria perderte en el mapa de su alma
y te haría olvidarte de las balas.





lunes, 6 de abril de 2015

Podríamos, pero no fuimos

Podríamos haber sido las ganas que se arremolinan frente a la entrada de un portal
o como las caricias involuntarias que surgen antes de uno, dos e incluso tres roces voluntarios
nunca hay nada de casual cuando nos sentimos por cuarta vez.
Podríamos haber sido las promesas que prometimos no hacernos
o todos aquellos lugares que aun nos esperan por si nos aventuramos a ser.
Podríamos haber sido el anticipo de un corazón roto, pero sin todo ese rollo de tú y yo.
Podríamos haber sido como el mar y el cielo,
condenados a mirarnos aunque no sepamos leernos.
Podríamos haber sido como los susurros de un te quiero que sólo han escuchado mis labios
o como esa historia triste que aparece cuando a pesar de tener un "y comieron perdices"
no somos un final feliz.
Podríamos haber sido el sueño del otro, sin molestarnos en desearnos más allá de lo innecesario,
restándole a nuestra locura todos aquellos segundos que hemos ganado al consumirnos con
fuego entre las manos.
Podríamos haber sido sin sentirnos,
sin torturarnos con anticipos de primaveras que acabasen con los inviernos que abrigan tu mirada.
Podríamos haber sido nuestro propio complejo de casualidad,
forzando a destinarnos cada vez que nos encontrásemos.
Podríamos haber sido una contradicción de amor con odio,
pero sin amor y sin odio.
Podríamos haber sido de esos que lo tienen todo,
menos lo que no tienen por miedo a tenerlo.
Podríamos haber sido esa clase de desconocidos que se fingen por instantes
y se creen reales.
Podríamos haber sido de los que miran al pasado echándolo de más en lugar de menos,
como si eso fuese a pasarnos a nosotros,
que temíamos más lo que podríamos haber tenido que todo aquello que nos supimos tener
por lo menos tú.
Podríamos haber sido uno el eterno del otro; nuestro finito podía haber sido una vida entera sin vacíos y sin ausencias.
Podríamos haber sido de los que se construyen a partir de precipicios,
creyendo que hay amores que se consumen en un segundo
y desamores que arden por toda la eternidad.
Podríamos haber sido de los que se enganchan sin ataduras de por medio,
que los únicos hilos que nos moviesen fuesen esos que ni tiran ni aflojan.

Podríamos haber sido. Tú y yo. Pero no fuimos.

domingo, 5 de abril de 2015

Tratando de buscarte el corazón

Recuerdo haberte mirado a los ojos, tratando de buscarte el corazón.
Siempre habías asegurado que se marchitó contigo en su interior
tras la derrota de una batalla que te atreviste a librar aún sabiendo que no habría
forma de ganarla sin perderte. Con o sin, pero nunca por ella.
Me convencí de que alguien que es capaz de sonreir, como sólo lo haces tú,
tenía que tener un corazón capaz de combatir todos aquellos instantes de vacío y soledad.
Seguramente tuvieses uno de esos corazones llenos de parches a medio hilar,
con cicatrices que ya no recordarías
y con el resquicio de ese amor que se fue hasta de tu memoria.
Y yo podría haberte reparado. 
Hubiese encerrado aquellas heridas que nunca aceptaste como tuyas,
pero que te persiguieron hasta transformarte en esta máscara de
apariencias, miradas asesinas y miedos tan despreocupados
que finge ser tú y que ha terminado por ocupar tu lugar.
Porque te veo y sólo reconozco el sonido de una risa
que la indiferencia aún no ha sido capaz de apagar;
porque te veo y no reconozco donde te has abandonado; si te has encerrado
bajo llave o si la has perdido para que nadie la encuentre. Ni siquiera tú.
En tu caso, no vale ser sin sentirse de verdad.
Me he dado cuenta de que eres de los que se rompen cuando alguien les quiere.
Y sólo llegué a escuchar tu corazón.
Sonaba como el chirrido de una puerta tras una despedida carente de lágrimas y emoción;
como el sonido que hace el cielo cuando le corrompen los truenos; o como cuando alguien está a punto de llorar y disipa su tristeza detrás de un suspiro entrecortado.
No funcionas bien.
Y yo podría haberte reparado.

Ahora sólo recuerdo haberte mirado a los ojos.





martes, 31 de marzo de 2015

A ser sin estar

Te convertiste en el errante de mis pesadillas
con cierta tendencia destructiva
con noches que no te recuerdan
y con miradas que no quisieron verte.

Te perdiste por caminos que no eran los tuyos
te encontraste con miedos que nunca has sentido
con errores que no cometiste y con oportunidades
que no supiste aprovechar.

Siento que te he esperado siempre de la manera equivocada
te he imaginado a tí siendo lo que yo esperaría que fueses
y sólo has sido tú sin mí y sin lo que había imaginado.

No sólo he malgastado suspiros
sino que parte de ellos se perdieron entre tu risa
y las sonrisas que se te escapaban
cuando te olvidaste de que no ibas a volver

Y me encerraba en tus caricias
porque sentirlas es más bonito que soñarlas
y me hacía pequeñita entre tus manos
agazapándome en algún lugar de tu alma que
quisiera no abandonarme con el amanecer en las pestañas.

Y me escondía de tu falta de tiempo
congelando aquel instante por los dos
imprimiendo tus huellas en mi piel
para recordarte aún con tu respiración sobre mi espalda.

Y te pedía que me prometieras promesas
que sólo fuesemos capaces de cumplir entre los dos
como la lluvia que atrapa y sólo tiene sentido
si nos sorprende mientras la esperamos llegar

Y me impregné de tu calidez
de las mentiras de tu cuerpo
como si las palabras que no se dijeron pudiesen esconder
que la mañana nos sorprendió conmigo entre tus brazos
y contigo sin miedo

Y me derretí a medida que te escarchabas por dentro
aguijoneándome con una verdad que abandonaste
para meterte bajo mis dedos
asumiendo que me sentirías sin palabras de por medio

Y a pesar de todo, me quedo con tu ausencia.
La esperanza de que vuelvas ya no tiene fuerzas
para esperar a que me desveles que estamos destinados
a ser sin estar.

A ser amigos, sin estar juntos.





viernes, 27 de marzo de 2015

La oscuridad es hermosa a su manera

La oscuridad es hermosa a su manera.
Su problema es la luz. Dolorosa, real, hiriente.
Cuando la oscuridad te envuelve, no significa que no seas capaz de sentir nada más allá
que un profundo vacío que se cuela por todos los demás, la oscuridad, si la conoces, si la controlas,
te hace estar en paz, te hace estar segura, te da esa tregua que necesitas cuando alguien te ha cegado por completo, cuando ha venido cargado con promesas vacías hechas realidad.

Y aquí, sólo entiendes que aunque quisieras no podrías quedarte. No puedes permitir que el motivo que te hizo encerrarte en tí misma sea el mismo que te impida salir. Aquí, la soledad se vuelve necesaria, se hace intensamente cruel cuando te empeñas en llevarte contigo aquellos recuerdos que no son sólo tuyos, aunque él no los quiera recordar. Que aquí, serás capaz de reconstruirte, aunque la falta de luz te impida saber como hacerlo. Aquí aprendes a ver que todas aquellas veces que le prestastes tu piel lo hiciste con el deseo de verle cambiar, aunque tengas claro que no quieras cambiarle para hacerle diferente, sino para que asuma que su oscuridad se ha convertido en su extraña forma de sentir, a través de tragos vacíos y mañanas sin memoria.

Si te quedas por aquí, comprenderás que todos alguna vez necesitamos curarnos cuando somos capaces de aceptar nuestras heridas. Esas heridas no son más que la pérdida de la persona que nos hizo creer invencibles al mismo tiempo que se marchaba, posiblemente, para no volver. Aquí aprenderás a no creerte todas las verdades que te cuentan, a ser capaz de arriesgarte sólo por aquello que merezca la pena, y a iluminar con esa luz, que todavía no sientes, aquellos momentos que merezcan quedarse contigo.

La oscuridad es necesaria pero no es eterna. Al igual que tampoco será suficiente que el se haya marchado para tú te resignes a verlo desaparecer.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Sin todo

No puedo conformarme. Si no puedes dármelo todo prefiero que me dejes sin nada.
Sin tu voz
Sin tu mirada
Sin tu olor
Sin tí, sin mi
Sin todo
Puedes llevártelo para vendérselo a cualquiera que no quiera comprarlo.
Y seré entonces esa persona que se cree libre atada a un sentimiento que nunca fue de nadie.
Como lo de encadenarse a un instante como si fuésemos a ser capaces de superarlo.
Esto es como la pesadilla que se convierte en realidad y empieza haciéndote ver que todo lo ganado se va a perder, y que ya da lo mismo ganar a que te pierdan. Y termina haciéndote creer que incluso él tiene solución.
Que da lo mismo si fue por falta o por exceso, que seguramente fue de más a más y por eso nunca podré sentir que te fuiste por menos.
No fuiste tanto.
Sería el momento, la inmensidad de las ganas, la intensidad de lo prohibido, la espera que llegó y nunca nos perteneció.
Sería el miedo, el frío, el hacerme realidad a mi antes que a tí, después de todas aquellas veces que pudieron ser y casi fueron.
Sería yo entonces, porque tú no fuiste tanto y sin embargo la que se sintió a poco fui yo.

martes, 24 de marzo de 2015

Sólo tengo miedo...

Ojalá sólo pudiese recordarte a través de imágenes. Tú siendo real conmigo. Tú siendo tú conmigo. Tú siendo sólo tú. Si fuese así, podría aceptar que pasaste en mi vida dejándome momentos inolvidables pero con la posibilidad de poder dejarte marchar con el paso del tiempo.
Esto duele, ¿Sabes?, porque contigo nunca he sabido cómo te recordaría al final de nuestro viaje, si sería capaz de envolver todos nuestros recuerdos en una parte de mí que aceptaría que nunca volverías o si sólo me autoconvencería pensando que si te hubieses arriesgado hubiésemos sido lo que muchos buscan ser con la persona equivocada.

Tengo claro que tú eres mi persona equivocada y por eso se que lo efímero que vivimos se ha convertido en mi pequeña eternidad.

No sólo te veo a través de imágenes, sino que tengo tu sensación por todo mi cuerpo, como si tuviese recuerdos adheridos a la piel que juegan conmigo para hacerme sufrir, para demostrarme que estoy enamorada de esa parte de tí que nunca me pertenecerá y que ni tan siquiera tú conoces.

Tengo la absoluta certeza que tu parte más vulnerable se ha escondido debajo de capas de invulnerabilidad y sombras, porque ¿te cuento un secreto?, me perteneció aquella noche, y lo supe, y lo sentí, y lo sentimos y lo supiste, pero no quise aceptar que en el momento en el que te dieses cuenta de lo indefenso que te sentirías cuando sinteses de verdad, te encerrarías en tí mismo tan profundamente, que la única que se sentiría perdida sería yo.

Es más fácil aceptar que has huído de mí por miedo a sentir, que darme cuenta de que no estás aquí porque te abruma la inmensidad de lo que siento como si desearas que desapareciera.

Mientras que yo sólo tengo miedo a no volver a sentirme como me sentí contigo.

domingo, 22 de marzo de 2015

Ni siquiera tú podrás salvarte

Tengo miedo de perderme. De perderme dentro de esta ilusión que creaste dentro de mí y a la que yo me agarro por miedo a que se desvanezca al mismo tiempo que lo estás haciendo tú. Porque aunque sabía que serías mi perdición, nunca imaginé que quisiera abandonar mis sueños con el único propósito de amarrarte a un momento que sólo fue importante para mí.

Te desee de muchas formas. Todas ellas parecían imposibles y por eso podía imaginarte haciéndome feliz de mil maneras diferentes, porque aunque añoraba lo que podíamos ser, nunca tendría que preocuparme por lo que podríamos haber sido.

Pero me engañaste. Como se engañan a esas personas que saben que están siendo engañadas pero que esperan que el engaño sea una extraña forma de decir la verdad. Te quise creer tan de repente que no me di cuenta de que sólo estabas mintiéndome para no verme desaparecer. Y aunque lo hubiese sabido, habría encontrado la forma de perderme entre tus manos y tus medias verdades.

Pero aunque tenga la absoluta certeza de que seas precisamente lo que quiero, nunca podrás ser lo que necesito. Porque exigiría de tí más de lo que piensas que eres capaz de ofrecer a nadie, porque se que te pediría que compartieras conmigo todas esas ganas de ser feliz en manos de otra persona. Y te da tanto miedo ser feliz, que no te das cuenta de que el día que quieras encontrarte, ni siquiera tú podrás salvarte.

sábado, 21 de marzo de 2015

Aunque te quedes...


Parece como si me hubiese traspasado toda una vida, como si tuviese recuerdos de momentos que no han pasado pero que podían haber ocurrido, tengo la sensación de echarte de menos como si te hubieses desvanecido de un día para otro, como si hubieses desaparecido después de estar toda una vida a mi lado.

Tengo la sensación de haberte vivido más de una noche.

Has arrasado conmigo como si fueses un huracán, te has llevado contigo todas mis esperanzas, mis sueños y cualquier posibilidad de querer a una persona que no existe. Me has llevado contigo, a ese lugar del que sólo conocía una sensación de vacío y una profunda inmensidad.

Estoy rodeada de demasiados escombros, de sonrisas hechas pedazos, de cosquillas perdidas en la oscuridad, de abrazos que nunca van a devolverme la sensación de sentirte tan cerca que podías compensar todo el tiempo que llevo esperándote para dejarte entrar, ahí donde sólo entran las personas que pueden reconquistar todas mis noches en vela.

Ahora, en este momento, podría decir que soy de todos menos de mi misma. Sólo me queda la estúpida certeza de que aunque vuelvas no voy a ser capaz de mirarte como sí fueras a quedarte. Aunque te quedes, ya no es suficiente.

viernes, 20 de marzo de 2015

Sólo queda el recuerdo de que nunca volverá a ser tal y como lo recordaba

Has vuelto sólo para recordarme porque nunca fuiste capaz de quedarte a mi lado. Renunciarte no fue fácil. Tampoco aceptar que nunca serías capaz de hacer de mi alguien imposible de olvidar.
Nunca fui valiente, porque luchar por tí hubiese significado arriesgarme hasta el punto de convertirme en aquello que tu esperaras que fuese, y yo entonces había aprendido a alejarme de personas como tú, que me hacian experimentar la sensación de que podía abandonar todos mis sueños con la estúpida intención de que pudiésemos llegar a ser más que una mirada perdida del pasado. Odio mirar el paso y ver qué formas más parte de él que de mí.
Te encuentras demasiado lejos ¿sabes?, tanto que aunque quisiese alcanzarte no sabría como hacerlo, ni siquiera por donde empezar a buscarte. Y eso me entristece, tanto, que prefiero pensar que sólo estás lejos de mi porque si estuvieses cerca sería más insoportable todavía. Como si me hicieses un gran favor. De esos que se necesitan para que las cosas funcionen, con o sin sentido.
Nunca te excluí del todo, deje las ventanas bien abiertas porque aunque nunca fuiste nada, hubieses llegado a ser más que todo lo que había conocido hasta que me encontraste. He soñado demasiado con nosotros, haciéndome ver el mundo como si aún me quedase más por vivir que por sufrir, recordando que nunca nos perteneceremos, nunca nos recordaremos, juntos, como si hubiésemos sido realmente importantes.



Y ahora , aunque no lo recuerdes, te alcancé. Se que no puedo conformarme con esa pequeña parte que me das de tí, nunca será suficiente, ni tampoco el hecho de que ya no podamos recuperar todas aquellas partes que perdimos sin darnos cuenta, ahora sí que siento que te he perdido de todas las formas más insoportables posibles, ahora sí que me has perdido de verdad.





lunes, 23 de diciembre de 2013

El después de las despedidas

Es duro darse cuenta de toda la gente que se deja atrás. De todas aquellas personas que juraron estar a tu lado y rompieron sus promesas mucho antes de llegar a prometerlas. O a aquellas personas que echaste de tu vida solo porque sabías que te costaría demasiado decirles adiós cuando decidieran abandonarte. Es horrible vivir con la sensación de que todo el mundo a tu alrededor se va tan pronto como aparece.

Lo peor de todo es darte cuenta de que conservas más recuerdos de los que realmente viviste, que muchos de esos pensamientos son sólo sueños y deseos que te atormentan porque lo más decepcionante es echar de menos aquello que nunca fue tuyo.

Las personas que una vez fueron importantes aún lo siguen siendo. Detrás de las palabras.

lunes, 10 de junio de 2013

No sé hacerlo de otra manera



Podríamos haber sido eternos. ¿Te lo imaginas?

Supongo que esa es una de las tantas cosas que podríamos haber sido si te hubieras quedado conmigo.
Sonaba la tristeza a nuestras espaldas. Sobre todo en la mía. Descansaba en mis ojos, se estremecía con cada suspiro, pero era fascinante como no necesitabas nunca taparte los oídos para hacer como si nada de lo que estuviese pasando a tu alrededor te importara.  ¿Alguna vez te ha importado algo de verdad?

¿Sabes la diferencia? Que nunca fuiste ninguna parte de mi historia. Que sólo te hacías notar en mi vida cuando yo ya sabía que te irías. Lo hacías todo complicado. Necesitabas que todo fuese complicado.
Prefiero que no te quedes, porque entonces volveré a tener miedo. Miedo a que te vayas, miedo a que no te quedes. Miedo a que me hagas vulnerable, a que te apoderes de todo lo que he dejado atrás. De mis logros, de mis noches en vela, de toda esa vida sobre la que he escrito porque pesaba demasiado en mi memoria. Como si yo hubiese sido la única que se acordara de que compartí un pasado. Como si nada hubiese sido real. Como si nadie hubiese sido real.

El problema es que me atas muy lejos del suelo. Necesito saber que voy dejando huella allá a dónde piso, y si me alzas demasiado alto, no sería capaz, y podría perderme muy lejos de mí, y me desvanecería antes de darme cuenta de que a ti ni siquiera te importa.